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Las células que componen la piel de nuestro cuerpo se regeneran de forma natural cada cierto tiempo. Sucede a lo largo de toda nuestra piel, pero en las zonas más grasas, que son la cabeza, las cejas, las pestañas, los pliegues de las orejas, la nariz, las axilas, el ombligo o las ingles, este proceso de regeneración se produce con mayor rapidez.

Este fenómeno se debe al hongo malassezia furfur, que se encarga de acelerar el proceso de regeneración celular. Si la población de estos microorganismos es normal, las pieles muertas resultantes que se producen se van eliminando con una higiene normal, pero si hay demasiados hongos furfur, el proceso de regeneración se acelera y las pieles muertas se acumulan en forma de escamas amarillentas. A estas escamas de pieles muertas las conocemos como caspa.

Por qué sale la caspa

La causa principal de la aparición de la caspa es el hongo malassezia furfur. Sin embargo, existen otros condicionantes relacionados con la salud y los hábitos de vida que también pueden generar caspa. Como la exposición a factores que pueden resecar el cuero cabelludo, como el sol, el agua salada, el frío y el viento; el uso de tintes y fijadores que dejan residuos; el estrés, las dietas poco equilibradas y los cambios hormonales; algunos problemas de piel, como eccemas o acné fuera de lugar, entre otros; o incluso una herencia genética que pueda favorecer la proliferación de los mismos hongos furfur.

Dermatitis seborreica

La dermatitis seborreica, o caspa grasa, también produce escamas blanquecinas, además de otros problemas más graves. Esta enfermedad se caracteriza por la formación de costras en el cuero cabelludo, lo que provoca enrojecimiento, picores, infecciones y, en algunos casos, pérdida del cabello; no en vano, la dermatitis seborreica puede ser un factor desencadenante de la alopecia cicatrizal.

Si se detecta alguno de estos síntomas, es urgente acudir al dermatólogo.

Fuente: Instituto Médico Dermatológico

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